“es tiempo ya de actualizar esa frase y entender que si el cuerpo es un campo de batalla, es nuestra mente y, por consecuencia nuestro pensamiento, el más angustiado frente estratégico.”

linda nochlin buy my bananas

Buy My Bananas. 1972. Photograph by Linda Nochlin

Publicado originalmente como crítica radial para la edición matutina de Hoy en las Noticias, espacio informativo de Radio Universidad de Puerto Rico el 2 de marzo del 2015.

Para mis estudiantes, que animan la discusión y avivan la práctica.

 

En el 1971, la historiadora del arte Linda Nochlin publicaba en la revista Art News un paradigmático ensayo cuyo título, estratégicamente seleccionado, aún hoy nos provoca desde la pregunta “¿Porqué no han habido grandes mujeres artistas?”. Sin embargo, lejos de elaborar un ensayo dedicado a enumerar las posibles causas, Nochlin destruye la incógnita desde la deconstrucción de la pregunta misma. Según la historiadora, cuando nos preguntamos porqué no han habido grandes mujeres artistas, en lugar de traer un issue a la discusión, lo que hacemos es aceptar sin un mínimo sentido crítico las narrativas que han dominado la historia del arte occidental y, por consecuencia, nuestra historia del arte.

En otras palabras, cuando preguntamos porqué no han habido grandes mujeres artistas, hemos aceptado como natural “la tácita dominación de la subjetividad del hombre blanco” como “el punto de vista” del historiador o de la historiadora del arte, “una distorsión intelectual” que, según Nochlin, “debe ser corregida”.

No es que no existan, sino que no han sido suficientemente investigadas, estudiadas o exhibidas.

Sin embargo, unos 45 años después, y a pesar de la amplia cantidad de mujeres artistas en Puerto Rico y el Mundo, aún hoy el trabajo de las artistas se incluye o se estudia desde la marginalidad, como un “otro” que debemos añadir y traer a la discusión, o a la escena, desde un reclamo de consciencia o como un acto de justicia.

Tomando esto en consideración, no resulta descabellado ni mucho menos arriesgado argumentar que es la subjetividad masculina blanca, clasista, sexista y hetero-normativa la que continua determinando muchas de las dinámicas de acceso, valorización y visibilidad en la escena del arte actual, una escena intensamente mediatizada capaz de construir narrativas de grandeza desde la frivolidad o desde un arbitrario acceso a los recursos económicos, mediáticos, administrativos e institucionales.

Hoy, 45 años después del ensayo de Nochlin y de la puesta en escena de intensos movimientos de mujeres y feminismos en el arte, aún continua pareciendo como natural el punto de vista masculino blanco y occidental que define nuestro “gusto” colectivo por el arte, que naturaliza la mínima presencia y visibilidad del trabajo de muchas artistas en las instituciones públicas y privadas del país, al tiempo que nos atrevemos a argumentar a viva voz que el issue del feminismo ha sido superado.

Sin embargo, resulta igualmente ingenuo preguntar cuál es el lugar que ocupan las mujeres en el arte en Puerto Rico, en un momento histórico donde las más importantes instituciones públicas y privadas de exhibición, conservación o docencia están o han estado bajo el liderato administrativo de muchas y diversas mujeres y de muchos y diversos hombres cuyos valores, convicciones, ideologías, preferencias y construcciones de género deberían haber aportado desde hace mucho tiempo ya un nivel más alto de sentido crítico y de cuestionamientos que encaminen la discusión pública hacia la destrucción de los discursos y meta-narrativas que continúan amamantando la figura del gran artista, como este genio creativo -único y privilegiado- capaz de convertir en una experiencia religiosa, mágica o mítica su más íntimo aliento de vida.

El issue de las mujeres en el arte dependerá entonces de ir mucho más allá de sentarnos a contar y anotar la cantidad de mujeres artistas, administradoras, curadoras o historiadoras, la cantidad de mujeres presentes en cada espacio de exhibición, de contabilizar en porciento cuántas féminas culminan programas graduados de arte o de enumerar para entender viejas y nuevas limitaciones biológicas y sociales que determinan o delimitan el alcance de la práctica estética.

El avance de las mujeres y de los asuntos de las mujeres en el arte dependerá hoy de apuntar el dedo hacia nuestro interior colectivo e individual para analizar seria y detenidamente cómo nuestras estructuras de pensamiento, nuestras ideas, definiciones y argumentos perpetúan y fortalecen una y otra vez aquella subjetividad clasista, egocéntrica y excluyente que desde hace siglos duerme y convive con nosotros.

Hace varias décadas, la artista Barbara Kruger inmortalizó en una obra la paradigmática frase “Tu cuerpo es un campo de batalla”. Es tiempo ya de actualizar esa frase y entender que si el cuerpo es un campo de batalla, es nuestra mente y, por consecuencia, nuestro pensamiento, el más angustiado frente estratégico.

Para Hoy en Las Noticias, en crítica de arte, Raquel Torres Arzola

Todos los derechos reservados.

¡Viva la resistencia!

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