“a lo mínimo que los artistas debemos aspirar hoy, es al reconocimiento de la diversidad de instancias en las que el arte surge, se nutre y se desarrolla”

 

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Publicado originalmente como crítica radial para la edición matutina de Hoy en las Noticias, espacio informativo de Radio Universidad de Puerto Rico el 5 de agosto del 2015.

 

A partir de la segunda mitad del siglo veinte, el arte abstracto manifestó un fuerte desarrollo en la escena del arte en Puerto Rico. Sin embargo, para los historiadores del arte de aquella época, la entrada de la vanguardia a la escena del arte local representaba una señal de asimilación cultural. Durante varias décadas, historiadores y críticos privilegiaron el arte figurativo -característico de la generación del 50- como uno comprometido políticamente debido a que permitía la creación de imágenes didácticas cuyo contenido podía entenderse como accesible al ‘pueblo’. Esta postura, que iba muy a tono con el proyecto populista que marcó gran parte de la política cultural del siglo veinte, mantuvo en una posición marginal a una gran cantidad de artistas cuyas prácticas estéticas eran experimentales e innovadoras. Y aunque la abstracción y otras vanguardias cuentan hoy con un espacio de aceptación y pertenencia dentro de la pluralidad que caracteriza el momento actual, la exclusión y la censura como prácticas de poder todavía hoy mantienen ramificaciones insospechadas y continúan nutriendo la división y la falta de entendimiento y de organización de la clase artística en el país.

Ante la coyuntura de un nuevo proyecto de ley para fundir la Escuela de Artes Plásticas al sistema de la Universidad de Puerto Rico, durante los pasados sábados 27 de junio, 4 y 18 de julio, un grupo de artistas, docentes, no docentes y estudiantes activos y egresados de la Escuela de Artes Plásticas se reunieron en la Casa Ruth Hernández en Río Piedras para discutir la situación de la educación del arte en Puerto Rico. Como un encuentro auto-gestado, esta serie de discusiones buscaron unir esfuerzos, auscultar estrategias de acción y colectivamente repensar y entender la Escuela de Artes Plásticas desde una mirada crítica a sus políticas de sustentabilidad económica, gobernanza y participación, currículo y prácticas pedagógicas. La organización de los encuentros en mesas temáticas de discusión informal permitió la amplia participación de los asistentes y, por consecuencia, la posibilidad de traer a la luz puntos neurálgicos que dejaron ver con claridad la crítica situación de la clase artística actual. La tendencia de algunos grupos a privilegiar el taller práctico como un gremio medieval sobre la investigación como herramienta de creación es la fuerza mayor de entre otras que impulsa el reclamo de mantener separada a la Escuela de Artes Plásticas del sistema universitario público. Igualmente, la posición defensiva de aislar el lenguaje visual de otros sistemas de estudio y excluir la multi-disciplinareidad teórica y académica para sostener la defensa del arte como ejercicio autónomo mantienen viva desde nuevos esencialismos la poca tolerancia hacia nuevas tendencias y la falta de consenso como un legado de aquel momento histórico cuando la práctica experimental era acusada de asimilista.

En mi opinión, a lo mínimo que los artistas debemos aspirar hoy, es al reconocimiento de la diversidad de instancias en las que el arte surge, se nutre y se desarrolla así como al compromiso de no repetir el prejuicio o la exclusión de ninguna práctica estética, ni del pensamiento creativo o la investigación como instancias en las que también se hace arte. Una escuela de arte a tono con el momento actual deberá nutrirse de múltiples visiones. Una escuela de arte a tono con el momento actual deberá igualmente servir de plataforma hacia alcanzar un diálogo justo entre lo que aquí se hace y la igualmente diversa y dinámica escena contemporánea internacional. Según el escritor y teórico del arte Suhail Malik, la educación es transformadora, implica cambio y mantiene las fronteras en constante crecimiento y expansión al tiempo que fomenta la autonomía del pensamiento como ese principio democrático que hace frente y contradice los sistemas de poder. En ese sentido, una escuela de arte autónoma o fusionada al sistema universitario que sea, pero a tono con la práctica del arte actual, deberá funcionar como una institución generadora de nuevo conocimiento y nuevas prácticas, flexible, inclusiva, auto-crítica para sí misma y para su comunidad, capaz de facilitar experiencias hacia el desarrollo de destrezas técnicas junto a destrezas de pensamiento y argumentación que promuevan la constante transformación del arte hacia el desarrollo de la creación como un bien común.

Para Hoy en Las Noticias, en crítica de arte, Raquel Torres-Arzola.

Todos los derechos reservados.

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