¿…Y AL FINAL?

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El 11 de junio de 1963, sentado en plena vía, en un punto transitado de Saigón, el monje budista Quang Duc entra en un profundo estado de meditación. Uno de los monjes que le acompaña baña su cuerpo en gasolina y le prende en fuego. El cuerpo de Quang Duc se quema mientras permanece sentado sin emitir quejido. Sólo cuando ya está casi muerto, el cuerpo del monje cae al pavimento, carbonizado. Quang Duc pasará a la historia como un héroe. El monje ofrece su vida, como acto de protesta, contra un estado represivo.

La acción de Quang Duc está lejos de considerarse una propuesta artística. Se trata de una acción política que reafirma y reclama el espacio público como una plataforma de agitación. Sin embargo, lo que le brinda contundencia es su capacidad para entrelazar ambos campos. En un mismo acto de resistencia y denuncia, coinciden yuxtapuestos el contenido estético del gesto sacrificial con la intensa violencia de la muerte por inmolación, como otra experiencia estética.

Ahora bien, la acción de Quang Duc tendrá un efecto trascendental, en la medida en que negocia profundamente las relaciones entre sujeto y consciencia. El logro de la acción del monje, como acto performativo, radica en su capacidad para instaurar su existencia fuera del pensamiento racional, desde la meditación como herramienta. Aún hoy, cincuenta y un años después, la imagen del cuerpo del monje en plena inmolación posibilita el invocar, desde una profunda tensión existencial, nuevos y posibles escenarios subjetivos.

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Imagen: Malamén, Garvin Sierra, 2014.

El pasado 3 de octubre abrió en la Sala Este del Museo del Antiguo Arsenal de la Marina Española la exhibición Y líbranos del Malamén, la muestra más reciente del artista puertorriqueño Garvin Sierra. Un total de veintidós piezas devoran la galería como un espacio institucional y de aparente neutralidad, condenado a repetirse. Desde el primer contacto, la especificidad y el contenido político que invoca el artista se hace evidente. La imagen de un jabalí encierra en su cuerpo -a la vez que devela- la figura icónica del mapa físico del país [imagen de portada]. Una representación gráfica reflexiona en torno al bate robado de la estatua de Roberto Clemente. Dos máquinas de juegos evocan la suerte política y económica de Puerto Rico como una posibilidad cínica, mientras las imágenes de varios políticos de turno son intervenidas para apuntar al carácter circense de nuestro devenir político. La pieza titulada Si ellos fueran nosotros se revela desde el ejercicio iconográfico como un juego, una reflexión en torno a la construcción social de las identidades y el poder que rodea el acto de vestir el cuerpo como uno ligado a la posibilidad de concebirse a sí mismo y de posicionarse dentro de un contexto social.

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Imagen: El Tumbe, Garvin Sierra, 2014.

Más adelante en la sala, el artista realiza ejercicios de reflexión icónica. Sierra construye la figura del mapa físico de Puerto Rico desde el uso del cuero o la tierra, con la intención de establecer elementos de relación hacia denuncias políticas directas en torno a nuestra condición territorial y económica. En la pieza Sin título (trampa de oso), la estrella de la bandera, como insignia de la unicidad identitaria, es propuesta por el artista como carnada para un animal robusto. Paisajes actuales de territorios que en un momento dado fueron parte de la faena agrícola son contrapuestas a productos de cocina contemporáneos que, a su vez, destruyen la noción de lo autóctono y cuestionan la nostalgia misma. Hasta el carimbo, como un objeto que remite al control sobre el cuerpo y la identidad a través del dolor y el trauma, se dispone a conversar con la situación actual del país.

La totalidad de la exhibición está intencionalmente dedicada a varias personalidades cuya relación con el artista es personal. Insertando su imagen en varias de las piezas, Sierra les rinde homenaje para poner en perspectiva las circunstancias sociales y de violencia de las cuales han sido víctimas fatales. Estas circunstancias son, en el presente, una realidad evidente aunque pudorosamente silenciada en el ejercicio cotidiano de la sociedad.

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Imagen: Si ellos fueran nosotros, Garvin Sierra, 2014.

Como un punto final, gracias a la instalación en sala de varias cámaras en circuito cerrado, el espectador se mira a sí mismo, mirando a los otros que también miran e interactúan en sala. La pieza Simone habla del control y del poder, a la vez que cierra la muestra desde el ensimismamiento que provoca la interacción de los protagonistas con su imagen y con la de los otros desde un sistema de vigilancia ubicuo y en tiempo real.

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Imagen: Simone, Garvin Sierra, 2014.

Entre las veintidós piezas que conforman la polémica muestra, existen en igual cantidad ejemplos de balance como de exceso en relación a la utilización de recursos como la literalidad y la redundancia. La exhibición, mirada como un conjunto, se abre al espectador cargada de especificidades y le dirige hacia denuncias políticas y representaciones en torno a problemáticas sociales, políticas y económicas actuales que han sido suavizadas por el consumo, el mercado y la industria del entretenimiento. En ese sentido, ante la urgencia que provoca la denuncia y la intensidad de la problemática que se plantea y que se vive en tiempo real, el artista no brinda un espacio reflexivo o participativo abierto que permita una yuxtaposición de experiencias. Sierra no cuestiona, Sierra dirige. Sierra argumenta, señala, apunta y discute. El artista configura sus piezas desde una reafirmación de las definiciones e identidades que los objetos y los segmentos de realidad contienen, sin que medien posibles re-significaciones a partir de la utilización de metáforas abiertas o imágenes poéticas. En ese sentido, la llamarada consume el espacio de exhibición para empujarle a evolucionar como plataforma de agitación mientras que la intensidad de la flama genera en el espectador una tensión ideológica y corporal que no necesariamente se traduce a un posible replanteamiento de su propia subjetividad.

Ahora bien, me pregunto, ¿será que se hace tan necesario ese cuestionamiento subjetivo? ¿Será que el artista siempre está llamado a proveerlo? ¿Será que es necesaria, pertinente, o que fue realmente efectiva la estrategia de Quang Duc? En ese sentido, la pieza Heces es el punto que desborda de ironía la propuesta que aquí se discute. Desde la serigrafía sobre papel en tamaño 22”x17”, Garvin Sierra abre y cierra la propuesta claramente en una sola pieza al argumentar desde la gráfica, contundentemente, que: “al final nos define la mierda”.

Raquel Torres Arzola, 2014

Todos los derechos reservados.

La exhibición Y líbranos del Malamén, de Garvin Sierra

estará abierta al público en el Antiguo Arsenal de la Puntilla del Instituto de Cultura Puertorriqueña

hasta el 4 de enero de 2015.

 

publicado originalmente en: www.visiondoble.net

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