LA CUEVA NEGRA, EL MITO… ET ALIAE (Y ELLAS)

“Desde antes del principio hubo un camino a través de una colina boscosa, la primera causa. Yaya o Yucahu dicen que era su nombre. Existió antes del mundo, antes del capital, antes de la propiedad privada y de la planta farmacéutica. La causa primera. Yuca o Yucahu. El que tiene madre pero no principio. Desde antes del principio fue la piscina de plástico, el calor, el bejuco de puerco que trepa por el cable eléctrico, las oficinas vacías con losas de techo”.

-Beatriz Santiago Muñoz, Cosmogonía Futura, 2012

“Antes de que los dioses estuvieran allí, los bosques eran sagrados. Los dioses han venido a habitar los bosques sagrados. No han hecho más que añadir singularidades humanas, demasiado humanas, a la gran ley del ensueño del bosque”.

-Gastón Bachelard, 1957

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Después de varios años intensos de investigación y documentación y desde una producción limitada en presupuesto pero ambiciosa en su alcance y en su cometido, Leandro Katz publicó en el 1997 la pieza cinematográfica titulada El día que me quieras. Este poderoso filme, de base documental y política, logra desde su temática y hermosa ejecución expandir fronteras ideológicas a partir de su tratamiento estético, a la vez que fragiliza los límites entre el video arte y el cine documental como actos creativos.

En El día que me quieras, Katz realiza una elegíaca disertación a partir de la histórica fotografía que muestra el cuerpo de Ernesto “Che” Guevara tras su captura y ejecución en la selva de Bolivia el 10 de octubre de 1967. Desde un estudio profundo de la imagen -intensamente enlazada a la experiencia del fotógrafo Freddy Alborta-, Katz estudia el nacimiento y consolidación del “Che” Guevara como figura mítica para hacer visibles las conexiones entre la historia, la literatura, la cultura popular y la memoria.

El cuerpo del “Che” que reposa como una fortaleza perenne sobre una pila de cemento bajo la mirada incrédula de algunos de sus captores, revela una expresión en el rostro que, reforzada por unos ojos eternamente abiertos, logra establecer un paralelismo entre la representación pictórica de la figura del Cristo de Mantegna y la figura mitológica en la que se transforman ambos personajes a partir de sus experiencias con la muerte. Esta transformación de personaje histórico a personaje mítico se revela desde la poética que logra el filme como ese elemento fundamental que asegura tanto la supervivencia icónica del “Che” como el recuerdo humanizado de su gesta, enraizada fuertemente en el espacio geográfico y, por consecuencia, en la memoria colectiva y cultural latinoamericana.

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Según el semiólogo Roland Barthes, el mito “no se define por el objeto de su mensaje sino por la forma en que se lo profiere: sus límites son formales, no sustanciales. […] Cada objeto del mundo puede pasar de una existencia cerrada, muda, a un estado oral, abierto a la apropiación de la sociedad, pues ninguna ley, natural o no, impide hablar de las cosas.”

A mi entender, tampoco existe una ley que impida recordar las imágenes relevantes como un lenguaje que trasciende límites de significación, en la medida en que sus caracteres simbólicos son tratados desde referentes que puedan ser considerados como universales. Según el propio Barthes, el mito es “un habla elegida por la historia: no surge de la ‘naturaleza’ de las cosas. Este habla es un mensaje y, por lo tanto, no necesariamente debe ser oral; puede estar formada de escrituras y representaciones”.

Así entonces, como un mensaje sobre la eternidad que puede otorgar la experiencia de la muerte, la fotografía de cuerpo del “Che” Guevara fue ese lenguaje elegido tanto por la propia historia como por el deseo y la necesidad humanas de permanecer y prevalecer como leyendas a través del tiempo.

Y es a partir de ese vehemente deseo humano de prevalecer al tiempo y al espacio que nace el filme La cueva negra de Beatriz Santiago Muñoz. Como una propuesta artística que explora una posibilidad mítica, cargada de ironía, Santiago Muñoz busca provocar en el espectador una reacción reflexiva en torno a la inmensa cantidad de imágenes comerciales y turísticas que sobre Puerto Rico circulan en los medios de comunicación y cuyo consumo vacío y acrítico ha definido el acercamiento superficial que compartimos sobre nuestro paisaje, historia, geografía y sociedad.

Interesantemente, este trabajo de Santiago Muñoz se sostiene tanto en el recurso de la imagen en movimiento como del lenguaje, mientras se vale de la historia escrita y archivada. Santiago Muñoz confronta nuestra memoria e identidad colectiva y busca en nuestra consciencia temporal, espacial y geográfica aquellas posibilidades míticas y poéticas que se pudieron desarrollar en torno a espacios y personajes que hemos decidido olvidar, ignorar o impactar de manera inconsciente.

Como un reto que se asume desde la inquietud artística, la artista reflexiona a partir del olvido, el abandono y la basura. El escrito “Cosmogonía” es ese primer acercamiento. Para su desarrollo, Santiago Muñoz se apropia de la leyenda taína sobre la creación que fue preservada por los sacerdotes Fray Ramón Pané y Fray Bartolomé de las Casas. En esta narrativa legendaria, se describe cómo la dinámica entre Yaya y su hijo Yayael –quien es asesinado por su padre- da origen al mundo.

Santiago Muñoz desarrolla en “Cosmogonía” una nueva narrativa que ofrece un posible origen de un nuevo mundo a partir del uso que le otorga a la palabra. Según su propuesta, la nueva mitología nace a partir de un re-descubrimiento conceptual que podemos hacer de aquellos espacios negados pero que albergan la evidencia de quienes somos debido a la alta contaminación que les hemos legado.

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Para el desarrollo de este filme de casi 20 minutos, el sector “Paso del Indio” en Vega Baja sirve como escenario. Un lugar como un no-lugar. Un espacio de tierra, bejucos y contaminación que yace hoy bajo los pilares de la autopista José de Diego y que atravesamos a diario como ese escenario ignorado, no tanto por la historia como por nuestra inconsciencia.

Es el lenguaje en el escrito “Cosmogonía” el recurso que le da origen al mito y a la cueva negra como principio. Y, a su vez, es la imagen visual del filme el recurso que nutre de posibilidades metafóricas a los símbolos enraizados en lo “real”. Al combinar la narrativa taína con ciertos conceptos actuales, Santiago Muñoz logra vaciar de significación tanto al espacio como a los elementos que le componen así como a los personajes que ejecutan la narrativa en el filme. Dos pre-adolescentes delgados, trigueños, descamisados y descalzos, libremente cargados de entusiasmo y de una humana y profunda ingenuidad salen de la cueva para nacer en una naturaleza intervenida y peligrosa, donde el misterio no encarna una naturalidad paradisiaca, sino el residuo, el olvido y el desecho.

Es a partir del retrato que hace Santiago Muñoz de estos jóvenes y de su bella experiencia con ese no-espacio que nace la posibilidad de humanizar el mismo y de crear un mito que resulta ser como lo describe Roland Barthes, “un juego entre el sentido y la forma”. Así mismo, y como afirma el filósofo francés Gastón Bachelard en su escrito “Poéticas del espacio”, es sólo a partir de la experiencia de esos personajes con el entorno que nace la posibilidad de otorgarle una poética a ese espacio y a su paisaje. Sin embargo, y según señalara el propio Bachelard: “Aquí el espacio lo es todo, porque el tiempo no anima ya la memoria. La memoria no registra la duración concreta […] Es por el espacio, es en el espacio donde encontramos esos bellos fósiles de duración, concretados por largas estancias. El inconsciente reside. Los recuerdos son inmóviles”.

Según afirmara Barthes y como se evidencia en “El día que me que quieras”, la posibilidad de que el mito prevalezca dependerá no sólo de su relevancia sino, además, de que la sociedad le acoja, se apropie del mito, le dé vida y lo transmita. De no ser así, “La cueva negra” contiene en su propia intención la más fuerte crítica no sólo hacia cómo somos, sino también –como propuesta artística- hacia sí misma.

El pasado 25 de abril de 2013 se estrenó en Puerto Rico esta pieza de video-arte en la Galería Agustina Ferreyra en Miramar. Con la proyección del filme, la lectura de su escrito “Cosmogonía” y un conversatorio con el público, Santiago Muñoz dio inicio a la primera parte de la exhibición titulada et aliae.

Esta exhibición, curada por la propia artista, estrenó una segunda parte el 18 de mayo de 2013. La muestra responde a la intención de que las inquietudes de Santiago Muñoz dialoguen con el trabajo de otras tres mujeres quienes, a partir de sus prácticas artísticas, presentaron diversos acercamientos contemporáneos hacia la exploración y redefinición de nuestra relación con el entorno, de nuestra relación personal o colectiva con ese espacio natural o artificial que alcanza nuestra mirada y que definimos como paisaje. En et aliae, y a partir del trabajo de Beatriz Santiago Muñoz, Ylva Trapp, Edra Soto y Lourdes Correa-Carlo, se reflexiona en torno a ese lugar -o no lugar- que existe sólo gracias a la relación que podemos tener con los elementos que le componen.

Raquel Torres-Arzola, 2013

Todos los derechos reservados.

Para más información, puede visitar Galería Agustina Ferreyra.

publicado originalmente en: www.visiondoble.net

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