ARNALDO ROCHE RABELL: ¿TIENE FONDO EL AZUL?

“La primera vez que el negrito Melodía vio al otro negrito en el fondo del caño

fue en la mañana del tercero o cuarto día después de la mudanza,

cuando llegó gateando hasta la única puerta de la nueva vivienda

y se asomó para mirar hacia la quieta superficie del agua allá abajo”

 – José Luis González

“Somos objeto y sujeto al mismo tiempo”

– Roland Barthes

En 1950, José Luis González publica un cuento que marcará un hito en su obra literaria y en la historia de las letras puertorriqueñas. A partir del mito del Narciso como una figura fundamental para la tradición grecolatina y que nutre importantes piezas del arte occidental, González establece tanto la cercanía como la distancia cultural, histórica y social de Puerto Rico con el resto del mundo. En el fondo del caño hay un negrito es un cuento desgarrador. Desarrollado en el barrio el ‘Fanguito’, entre Santurce y Hato Rey, la corta y bien lograda narrativa describe las terribles condiciones en las que surgía la vida de nuevas generaciones de puertorriqueños que migraban del campo a la ciudad en busca de trabajo. Melodía, un negrito que apenas ha aprendido a gatear, alimentado con guarapillos de hojas de guanábana, se asoma al caño y se lanza a la profundidad para encontrarse con su propio reflejo, la única imagen en la que encuentra alegría y correspondencia.

Dentro de la tradición occidental, el mito del Narciso se ha utilizado para nombrar patologías y trastornos de conducta, para condenar el desarrollo desmedido del Ego o para justificar el rechazo a la libre elección del individuo sobre el ‘bien común’ como producto de su abstracción en la racionalidad o en el disfrute de la belleza. Sin embargo, si se analiza desde el plano metafórico o desde una lectura deconstructiva, la historia que plantea González se desvía por caminos insospechados. El cuerpo de Melodía, ese que provoca el reflejo en el agua es, a diferencia de sus padres, un cuerpo que carece aún de identificación y, por consecuencia, pertenece a un sujeto aún ajeno a la construcción social que sobre la negritud y la pobreza prevalecen. En la medida en que González finaliza la narración sin describir la muerte trágica de Melodía por ahogamiento, su reflexión favorece lecturas heroicas en torno a ese negrito que se permite a sí mismo -desde la inocencia- lanzarse al fondo del caño para lograr un encuentro físico con ese reflejo, con esa imagen que le provoca un ‘entusiasmo’ y un ‘amor indecible’. Ese amor que, al final, no es otro sino el amor hacia sí mismo y hacia la posibilidad de re-descubrirse.

El 7 de noviembre inauguró en la galería Walter Otero Contemporary Art, la muestra más reciente del pintor puertorriqueño Arnaldo Roche Rabell. Como una continuación de su período Azul, Roche Rabell presenta 8 piezas en las que el artista intensifica la reflexión en torno a la relación subjetiva que existe entre el individuo y las cosas que le rodean y que posee. A su vez, cada pieza es un comentario sobre la búsqueda de una espiritualidad que puede surgir de esa relación entre esas mismas cosas y el individuo que, como indica Roland Barthes, es “objeto y sujeto al mismo tiempo”.

En cada una de las piezas, las figuras humanas surgen del proceso de extraer, mediante la técnica del grattage, varias capas de óleo en una variedad de tonalidades azules que el artista ha aplicado previamente sobre la tela. Así surgen también las imágenes de los objetos que el artista posee o de aquellos objetos con los que convive. En el proceso, tanto la imagen humana como la de los objetos se convierten en significantes que interactúan en la composición con altas capacidades de expansión poética. Son cuerpos que en su movimiento aparentan poseerse livianos y libres pero que debido a su constitución atlética y heroica nos recuerdan la construcción que sobre el tema hace la mirada clásica. Tanto sobre estos cuerpos como sobre la composición, puede reconocerse una lucha entre la identidad de pretensión unificadora que prevalece sobre el sujeto moderno y ese mismo sujeto que se reconoce fragmentado y que mira dentro de sí mismo como parte de esa búsqueda por un relato propio.

En cada una de las piezas y desde elementos auto-referenciales, Roche Rabell vuelve sobre sí mismo como el hilo conductor que marca su trayectoria artística. El modelo que coloca bajo la tela resulta ser tan solo un elemento que le ayuda a reafirmar su capacidad para crear una narrativa propia con gran capacidad metafórica. A partir de la pintura, Roche Rabell se reafirma en el intento de mirarse, de re-conocerse, de re-crearse y de invitar al espectador a repensar su propia subjetividad y, por consecuencia, su propia historicidad.

Es aquí donde el mito de Narciso cobra un nuevo significado. Al construir una narrativa sobre sí en relación con aquellos objetos que le rodean como reflejo de su tiempo y de su momento histórico y social, Roche Rabell se observa desde afuera, desde su propia mirada y desde la mirada que le ofrece el espectador. El artista se divide en dos, se convierte en sujeto y objeto, en el ser que narra y en el ser que es narrado. Roche Rabell se lanza a la profundidad que le ofrece el color azul, en la intimidad que le brinda el acto creativo y se reconoce en ese intento de reunificar la división y convivir consigo mismo como acto purificador. El artista vence así el castigo que los dioses aplicaron sobre el Narciso de la historia mitológica y celebra la posibilidad de mirarse, reafirmando el deseo de encontrarse a sí mismo.

En varias piezas, un cuerpo que a veces aparenta estar decapitado y que a veces se presenta completo observa el reflejo que sobre él se crea en el agua contenida en un cubo o en la superficie de un plato. A su vez, ese cuerpo en ocasiones forma parte de un rostro enorme que acapara el espacio de la composición y que se forma gracias a la relación que existe entre los elementos. Ese ser ha sido congelado en el tiempo, detenido en el acto de mirarse, de buscarse, de encontrarse e identificarse. El mito del Narciso ha sido fijado en la pieza, como en muchas otras del arte occidental. Pero esta vez, contrario a lo que sucede en importantes representaciones como el Narcisode Caravaggio, o el Narciso enamorado de sí mismo de François Lemoyne, es el artista quien se contempla, mirándose metafóricamente. En la medida en que sus piezas son autorretratos referenciales, Roche Rabell se aparta de esa imagen ideal que han construido en torno a sí muchos retratistas tanto en el medio de la pintura como en la fotografía.

Debido a la prevalencia del azul y debido al juego entre abstracción y figuración que ofrece el grattage, la imagen que se contempla se aparta de ser un modelo o estereotipo. Cada una de las piezas se convierte en un espacio de encuentro entre la mirada del artista y la del espectador. La narrativa se expande gracias a la relación recíproca que ofrece la metáfora y el espectador pasa a ser también el propio sujeto y objeto observado. Es aquí donde se confirma que la identidad propia es un acto de creación. Los cuestionamientos que sugiere Roche Rabell pasan a ser los cuestionamientos de los otros que observan. Frente a las piezas, cada espectador se lanza a buscarse a sí mismo en la profundidad del azul, como lo hizo el negrito Melodía, para encontrarse o re-descubrirse.

Según describe Michael Taussig en el libro What color is the sacred?, para el 1789 la colonia francesa Saint-Domingue contaba con alrededor de 1800 plantaciones de esclavos dedicadas al cultivo y extracción del color índigo. Al parecer, para ese tiempo no era el azúcar, sino el color azul el producto de mayor exportación. Según Taussig, desde estas plantaciones coloniales se importaron cerca de 150 toneladas de índigo que tiñeron de color azul alrededor de 600,000 uniformes militares para las tropas de la Gran Armada napoleónica. Una vez se alcanza la independencia de Haití, las plantaciones se mudaron a la India. Para lograr la extracción del color, los esclavos traídos de diferentes partes del continente africano eran sumergidos en pailas donde se colocaban las plantas de hasta seis pies de alto junto a cierta cantidad de agua. Los esclavos eran los encargados de pisotear las plantas durante toda la noche para lograr la extracción del color. Debido a la toxicidad de la planta y su efecto negativo en el cuerpo de los varones, el proceso de extracción en lugares como Bali era realizado por mujeres que no estaban embarazadas y que no se encontraban en el período menstrual. Por ello y otras razones, en lugares como Indonesia, la tela de algodón de color azul sustituye al útero en algunas de las historias mitológicas.

Ubicado tan lejos como tan cerca del período colonial caribeño y ubicado tan cerca como tan lejos de la modernidad, Roche Rabell nos invita a hundirnos en la toxicidad de ese color con todas las implicaciones culturales, políticas o espirituales que ello pueda tener. Frente a cada una de las piezas, que debido a la prevalencia de cuerpos varoniles nos remiten directamente al hombre moderno y a las narrativas del arte occidental, se señala la búsqueda de la identidad del sujeto -o a sus múltiples identidades- como una discusión relevante, y al arte como un espacio de discusión pertinente desde un ejercicio creativo en los límites periferales del primer mundo.

Según José Luis González: “La tercera vez que el negrito Melodía vio al otro negrito en el fondo del caño fue al atardecer, poco antes de que el padre regresara. Esta vez Melodía venía sonriendo antes de asomarse, y le asombró que el otro también se estuviera sonriendo allá abajo. Volvió a hacer así con la manita y el otro volvió a contestar. Entonces Melodía sintió un súbito entusiasmo y un amor indecible por el otro negrito. Y se fue a buscarlo”. Ante el acto de Roche Rabell de narrarse desde la profundidad del azul tan tóxico y tan atractivo, de re-construirse a sí mismo para encontrarse, ante el acto de invitarnos, de seducirnos a participar de su narrativa como una búsqueda, pregunto: ¿quién se atreve a lanzarse hasta el fondo?

Raquel Torres-Arzola, 2013

Todos los derechos reservados.

Para más información de la muestra Recent Work, de Arnaldo Roche Rabell, visite el sitio web Walter Otero Contemporary Art

publicado originalmente en: www.visiondoble.net

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