PIA CORDERO: Una discusión tradicional: “¿Vanguardia versus neovanguardia?” (2da parte)

Confrontando a dos teóricos del arte:

Peter Bürger versus Hal Foster. 

PARTE II,

Hal Foster y la Neo Vanguardia como

Re-Codificación de la Vanguardia

Un escrito de María Pía Cordero:

mpiacordero@gmail.com

 
Richard Serra “Promenade” (2008)

Richard Serra “Promenade” (2008)

Desde la perspectiva opuesta a la presentada en el anterior artículo, Hal Foster, re-actualiza las nociones de vanguardia y neovanguardia en su obra “El Retorno de lo Real”. Sostiene, en consonancia a Peter Bürger, que la vanguardia histórica combate los principios burgueses del arte, como también, la figura romántica del genio artístico. Tarea que es efectuada mediante el uso de objetos cotidianos y la abstracción  de los tradicionales elementos que componían el arte moderno: la importancia de la idea central de la obra y de los materiales de acción creativa. Sin embargo, para Foster, la vanguardia debe ser analizada mediante una re-evaluación, a través de: “nuevas genealogías de la vanguardia que compliquen su pasado y den apoyo a su futuro” (Foster, 2001, pp. 7).

Bajo un indagar casi genealógico, pregunta Foster: “¿Apareció Duchamp como “Duchamp”? por supuesto que no, pero a menudo se lo presenta como nacido de una pieza de su propia frente ¿Surgieron acaso Les Demoiselles d´Avignon de Picasso como la cima de la pintura moderna por la que ahora pasan?” (Foster, 2001, pp. 10). Estos íconos del arte, son sólo “efectos retroactivos” del despliegue del arte y del desarrollo de la crítica, siendo sus efectos no inmediatos, sino una “temporalidad diferida de la significación artística” (Foster, 2001, pp.10). Luego, la historia del arte se hace legible retroactivamente, es decir, desde el presente hacia el pasado, no teniendo un punto final. De este modo, la vanguardia ha de leerse a la luz de la neovanguardia. Ambos movimientos, son considerados como manifestaciones de un mismo fenómeno, habiendo entre ambos, diferencias de grado y no de especie. De este modo, la neovanguardia acomete la apertura de la vanguardia, ampliando su concepto, mediante nuevas revisiones y despliegues.

Para Foster, la vanguardia histórica sólo ataca la “convención” en el arte y no su institución. Lo anterior puede ser observado, a través de la obra  “Cuadrado negro y cuadrado rojo” (1915), del pintor Kazimir Malevich. En esta obra se presentan austeramente elementos geométricos y colores primarios. Sin bien, la obra de Malevich conmociona, lo hace precisamente en el seno de la institución a la que pertenece, desde su interior, y no desde una supuesta lejanía. Sólo con la neovanguardia se dará curso al ataque de la institución arte de modo “creativo” y “reconstructivo”, abriendo paso a “nuevos espacios de actuación crítica y nuevos tipos de análisis institucional” (Foster, 2001, pp. 23).

La aparición de la neovanguardia es explicada por Foster a través del concepto freudiano de “acción diferida”, por el que  se entiende que un acontecimiento  sólo alcanza su máximo despliegue mediante su re-codificación, por otro acontecimiento que lo explique. Según Foster: “La vanguardia histórica y la neovanguardia están constituidas de una manera similar como un proceso continuo de protensión y retensión, una compleja alternancia de futuros anticipados y pasados reconstruidos; en una palabra, en una acción diferida que acaba con cualquier sencillo esquema de antes y después, causa y efecto, origen y repetición” (Foster, 2001, pp.31). El modelo de acción diferida puede ser aplicado al minimalismo, configurador de la neovanguardia, que re-codificaría las intenciones artísticas del constructivismo ruso, mediante la manipulación del espacio real, rompiendo finalmente, con la institución arte. Para Foster el minimalismo cuestionaría: “naturaleza del significado” y “estatus del sujeto”, mediante el uso del espacio público y físico, fuera de los tradicionales límites en los que se emplazaba el arte, museos y salones de exposición. Tomando como ejemplo la obra “” del escultor minimalista Richard Serra, se asiste a una desantropomorfización y liberación de la obra escultórica a nuevos soportes, por los que se abre a nuevos contextos en los cuales percibir la obra. Comenta Foster: “El minimalismo surge como un momento dialéctico de un nuevo límite y una nueva libertad para el arte, donde la escultura se reduce por un momento al estatus de una cosa entre un objeto y un monumento y en el siguiente momento se expande a una experiencia de los sitios proyectados pero no socialmente reconocidos” (Foster, 2001, pp. 44).

Finalmente, el minimalismo como perteneciente a la neovanguardia, efectúa lo que la vanguardia en definitiva no pudo concretar: la ruptura con la institucionalización que la normaba. El minimalismo franquea los límites normativos, para aventurarse a ser experiencia, por la que el arte se vuelve plena experimentación. Su acción es ejercida, en el espacio urbano y natural, mediante el uso de materiales  industriales, criticando incluso su estatus de objeto mercantil, mediante la serialidad de las obras. Según Foster: “el minimalismo surge como un momento dialéctico de “un nuevo límite y una nueva libertad” para el arte, donde la escultura se reduce por un momento al estatus de una cosa “entre un objeto y un monumento” y en el siguiente momento se expande a una experiencia de los sitios “proyectados” pero “no socialmente reconocidos” (Foster, 2001, pp. 42).

Bibliografía.

Argan, Giulio. “El Arte Moderno”. Madrid: Akal, 1991.

Foster, Hal. “El Retorno de lo Real”. Madrid: Akal, 2001.

Publicado originalmente en: Escáner cultural, no. 142.

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