PIA CORDERO: Una discusión tradicional: “¿Vanguardia versus neovanguardia?”

Confrontando a dos teóricos del arte:

Peter Bürger versus Hal Foster. 

PARTE I,

Peter Bürger y el Arte de Vanguardia como Ruptura Histórica.

Un escrito de Pía Cordero. Publicado originalmente en: Escáner cultural, no. 140.

Kasimir-Malevich-Kazimir-Malevich-Cuadrado-negro-y-Cuadrado-rojoKazimir Malevich “Cuadrado negro y cuadrado rojo” (1915)

Peter Bürger en  su ensayo “Teoría de la Vanguardia” (1974) da inicio a la tarea de generar un concepto que defina a las obras de arte de vanguardia y que incluya su función principal: el ataque a la institución arte. En un contexto histórico, marcado por el establecimiento y despliegue de una economía liberal, cuya tarea principal será la de subsumir toda arista de la realidad a la producción, para su posterior consumo. Así, la vanguardia surge como: “expresión de angustia ante una técnica y una estructura social que restringen gravemente las posibilidades de acción de los individuos” (Bürger, pp. 135). Para Bürger, la vanguardia histórica está compuesta por: constructivismo ruso, dadaísmo y primer surrealismo, movimientos que pretenden romper con la antigua autonomía burguesa del arte. De este modo, la vanguardia se presenta como desfragmentación de la antigua autonomía del arte moderno, mediante una fuerte “autocrítica” del mismo (1).

 El concepto general de obra de arte, según Bürger, se compone de generalidades y particularidades. De esta definición, se desprenden  las nociones de obra orgánica e inorgánica. En la obra orgánica, generalidad y particularidad, se dan sin mediación, siendo totalidades absolutas de significado. En esta categoría, el material de la obra es algo vivo, “portador de un significado”, alojado en la totalidad de las significaciones que representa. En oposición a la obra orgánica, se presenta la obra inorgánica o de vanguardia, para ésta, tanto el material de trabajo, como la idea del mismo, son momentos aislados, sin unidad o teleología, siendo sus partes, es decir, su desfragmentación, el momento más álgido de su percepción. Según Bürger, la obra de vanguardia es inorgánica porque: “no niega la unidad general (aunque incluso esto intentaron los dadaístas) sino un determinado tipo de unidad, la conexión entre la parte y el todo” (Bürger, pp. 112).   De este modo, la función del artista vanguardista será erradicar de su hacer creativo, los tradicionales materiales de trabajo, mediante el uso de nuevas herramientas de creación, por ejemplo, utensilios de uso doméstico e industrial. Aunque también tomará, de los tradicionales materiales de trabajo,  sus  notas más esenciales: color, texturas, líneas, puntos, etc., dejados de lado por causa  del servilismo que rendían a la “totalidad” de la obra.

malevich blanco

Kazimir Malevich “Blanco sobre blanco” (1918)

En la obra de Malevich, “Blanco sobre blanco” (1918),  se presencian los elementos constitutivos de la obra inorgánica. Esta obra, un cuadrado blanco, sobre un fondo blanco, no apela a una significación particular o general de sus componentes, que puedan expresar identidad o la totalidad de una idea. La obra, especie de trabajo nihilista, acerca al observador, al conjunto vacío que supone su presencia sorda y muda, para romper con cualquier estatuto ontológico de interpretación. Según el historiador del arte Giulio Argan: “El cuadro para Malevich no es un objeto, sino un instrumento mental, un signo que define la existencia como una ecuación absoluta entre el mundo exterior y el interior” (Argan, 1988, pp. 303).  Para este artista ruso la imagen debe ser estudiada desde su funcionalidad “en la esencia de los hechos formales”, mediante la abstracción de aquello que es dado como imagen, por medio de la percepción del sujeto y la existencia del objeto, que promueve aquella percepción. Según Bürger, la obra de vanguardia es “construcción”, movimiento de la realidad, en oposición a una visión estática de ésta. Tal movimiento sólo puede ser efectuado en la integración de arte y vida. “La reintegración del arte a la praxis vital se propone una revolución de la vida y provoca una revolución del arte” (Bürger, pp. 136). La integración de arte y vida, propuesta por los movimientos de vanguardia, también puede ser revisada en el trabajo de Malevich. Este artista, cuyo trabajo no era ajeno a los ideales revolucionarios soviéticos, plantea, a través de la simpleza de sus composiciones, la no posesión de objetos, a través de sus cuadros, “instrumentos mentales”, que dan inicio a un nuevo modo de captar la realidad.

Asimismo, la obra de arte de vanguardia busca su separación de la institución arte, que aloja en su seno al arte orgánico. Para Bürger, la obra de arte de vanguardia: “violenta un sistema de representación que se basa en la reproducción de la realidad” (Bürger, pp. 140). Tal situación es efectuada mediante la presentación de fragmentos de la realidad, que sugieren discontinuidad e independencia. Desde esta perspectiva, la obra encuentra su significante en lo manifiesto de la obra misma. De los análisis que Adorno realiza de los collages cubistas, Bürger concluye que se puede observar en éstos un principio, que sugiere el movimiento de la construcción, pero no un principio de síntesis o unidad, sino al contrario, la inexistencia de la necesidad de sus partes. Esta situación, es de suma importancia, porque ha de generar en el receptor de la obra, aquel efecto de shock, por estar ante a un nuevo sentido o modo de entender la realidad. Sin los referentes tradicionales, la obra rompe la cotidianeidad del hombre, generando una crisis de sentido, y con esto, la necesidad de su interpretación, para poder  integrar la obra a la vida. Este movimiento de integración, es efectuado por el receptor de la obra, mediante la asimilación del “principio constructivo” que sustenta el cuerpo de la obra. Para efectuar una comprensión de la obra de vanguardia, que deje a un lado las tradicionales interpretaciones de la hermenéutica y de los métodos formales,  Bürger introduce el término “hermenéutica crítica”. Bajo este concepto, la obra debe ser analizada a través de las contradicciones, que sus componentes proponen, para determinar su sentido general.

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Roy Lichtenstein “Ohhh Alright” (1964)

Finalmente, para Bürger, la vanguardia tendría un punto de término, marcado por el surgimiento de la neovanguardia, representada principalmente por el minimalismo y el pop. Ésta sería un mero remedo de la vanguardia, y su principal agente destructivo, puesto que al parodiarla, sólo afirmaría la institución del arte, ejecutando nuevamente la tan repudiada autonomización del mismo. Señala Bürger: “el arte se halla desde hace tiempo en una fase posvanguardista. Ésta se caracteriza por la restauración de la categoría de la obra y por la aplicación con fines artísticos de los procedimientos que la vanguardia ideó con intención antiartística” (Bürger, pp. 113). Al reintegrarse el arte a la institución, después de su ruptura vanguardista, se asiste a una nueva separación entre arte y praxis vital. Bürger es enfático al referirse a la vanguardia histórica, cuya aparición fugaz y de shock, finalmente fracasó, frente a su autonomización por parte de la neovanguardia, que convierte finalmente a las obras vanguardistas en íconos de la historia de arte.

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Notas:

(1) En relación a esto, cabe señalar que para Walter Benjamin, una de las funciones principales de la obra de vanguardia es la “distracción”, en oposición a la casi teológica contemplación del arte moderno, por parte de una burguesía, que paulatinamente se iba liberando de la Iglesia, y junto con esto, daba inicio a la exacerbación de su consciencia individual:  “Con los dadaístas, la obra de arte dejó de ser una visión cautivadora o un conjunto convincente de sonidos y se convirtió en un proyectil que se impactaba en el espectador; alcanzó una cualidad táctil” (Benjamin, 2003, pp.90). La cualidad táctil, mentada por Benjamin, hace alusión al efecto de shock que la obra de vanguardia produce en el hombre que la percibe. Ante ésta, ya no es un contemplador ajeno, sino que al percibirla, la incluye, mediante la novedad que trae consigo, en su más íntimo sentir.

Bibliografía:

Argan, Giulio. “El Arte Moderno”. Madrid: Akal, 1991.

Benjamin, Walter. “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. México: Editorial Itaca, 2003.

Bürger, Peter. “Teoría de la Vanguardia”. Barcelona: Ediciones Península, 1997.

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